El siguiente episodio de sus vidas comienza ese mismo verano. Arturo y Paula ya no se hablan, ni sms, ni messenger, ni tuenti… nada. Arturo termina selectividad y se dispone a pasar el verano mas ajetreado de su vida. Se pierde con colegas en la montaña, disfruta de la playa con sus mejores amigos, visita lugares lejanos e increíbles con los scouts, y viaja dentro y fuera de españa con su familia. Se olvida totalmente de lo que había llegado a sentir por Paula.
Por otro lado, la chica también pasa un verano increíble con Arturo fuera de su cabeza… o eso es lo que creía.
Nos situamos en una noche de Agosto en el pueblo de ella. Como era costumbre por esas fechas, Paula y los demás amigos del pueblo, quedan en juntarse las noches en las que cae una lluvia de estrellas, para ver todos juntos el bonito espectáculo. Hacía mucho tiempo que no veía a todos aquellos amigos y estaba muy ilusionada, aunque por alguna razón empezó a sentirse extraña, le susurraban las calles del pueblo, se sentía incómoda. Empezó a sentirse agobiada por los recuerdos, atosigada. Poco a poco empezó a brotar de nuevo la flor marchita que alguien había plantado en su interior hacía ya tiempo… estaba totalmente confusa y sentía en el corazón un peso cada vez mayor. Tanto ella como sus amigos se daban cuenta de que algo raro le pasaba, estaba muy callada y muy ausente, cuando normalmente rebosaba simpatía y felicidad. Hasta que la vio… y todo se aclaró para ella, la estrella fugaz más lenta y brillante que nunca había visto, a lo mejor para los demás no fue diferente al resto de estrellas fugaces, pero Paula sabia que esa era especial, por lo menos para ella, en ese momento la flor termino de abrirse y su corazón explotó, ‘’ohh dioooos…’’, cerró los ojos y pidió un deseo a la estrella que acababa de presenciar.
Se le empaparon las mejillas, ‘’solo si estuviese aquí…’’ todo el tiempo había reprimido sus sentimientos en el fondo de su alma, y esta acababa de liberarlos…
Uno de sus mejores amigos se dio cuenta, le acompañó a casa y le prometió que fuera lo que fuera que había deseado, se cumpliría… (y muchos meses después comprobaría que la promesa se cumplió)
El verano terminó. Paula y Arturo hablaron, poco, muy poco casi como dos desconocidos… el caso es que fue el cumple de Arturo, y los amigos subieron al mismo pueblo para verse después del verano y entre otras cosas celebrar el cumpleaños. Alcohol, droga y música, mucha gente, muchísima, pero una gran ausencia, nuevamente sensaciones extrañas invadieron a Arturo, y una llama telefónica que no fue digna de recordar bastaron al chico para que se diese cuenta de muchas cosas; lo mala que es mucha gente y lo poco que merecen la pena, y lo buenas que son algunas personas que acaban siendo muy importantes, inevitablemente sus mejillas también se mojaron esa noche de Septiembre en aquel pueblo
Después de lo ocurrido, fue inevitable que volviesen a empezar a hablar, los dos habían intentado evitar al otro sin conseguirlo, así que como si volviésemos a empezar un cuento, Arturo y Paula volvieron a dirigirse las primeras palabras, los primeros mensajes, las primeras sonrisas. Parecía que hubiesen olvidado todo lo ocurrido y se acabasen de conocer.
En pocas semanas pasaron de hablar un poco, a hablar todos los días, y casi a conocer todos los aspectos de la vida del otro. Sin darse cuenta, cada día sentían más y más el calor que les producía simplemente hablar con el otro. Cada día les hacía más ilusión volver a casa para contarse cualquier cosa, hacer cualquier coña, ya que eso les permitía poder sonreír el resto del día. Y cuando hablaban por teléfono todo resultaba genial, cuando Arturo estaba aburrido las tardes de los viernes, ella le llamaba y sin hablar de nada interesante, los dos se reían y se alegraban mutuamente la tarde.
Finalmente decidieron que querían volver a verse, querían quedar solo para pasar un rato el uno al lado del otro, y planes no les faltaban ya que surgieron mogollón de ideas: una tarde de cine, una vuelta patinando, unas clases de guitarra, una sesión de Disney o cualquier otro plan, que por cutre que fuese, merecía la pena si Arturo y Paula estaban juntos… Pero el destino no se lo pondría tan fácil. ¿este viernes?, imposible; ¿qué tal esta semana?, no estoy en Madrid, ¿mañana hacemos algo?, lo siento no puedo…
Nada, nada de nada, cuando él podía ella no, y viceversa, no encontraban día, pues era el 1º año de universidad de Arturo y el último año de instituto de Paula… además de las mil movidas en las que estaban metidos cada uno. Así pasaron días, semanas y meses, aunque seguían hablando, los dos estaban desanimados, ya que cuanto más tiempo pasaban sin poder verse, más querían estar al lado del otro, más deseaban el día que no llegaba y no llegaba, más se odiaban por no poder quedar y más se necesitaban para poder superar el día a día.
Aunque estaban desmotivados, no perdían la esperanza y no se rendían. Antes de llegar la navidad, los dos se prometieron que encontrarían un rato, por pequeño que fuese, para poder verse de una vez por todas. Aún así en ninguno de los últimos días de aquel año consiguieron quedar. Se sentían desesperados, en una situación totalmente frustrante. El año terminó, y no habían llegado ni a poder verse para hablar en persona… Tras las respectivas cenas familiares de Nochevieja, cada uno fue a una fiesta diferente, donde intentaron evadirse y ahogar sus penas con el alcohol.
Tras unas horas de música, un par de chupitos y unos cuantos cubatas, Arturo recibe un sms de ella.-¿Qué pasa, hoy no vamos a hablar?- Él la llama, pero con el follón de las dos fiestas no se enteran muy bien y no pueden hablar a gusto. Así que comienza una oleada masiva de mensajes, unos mensajes muy cortos pero que dijeron mucho. Paula se enfadaba porque no recibía contestaciones a la mayoría de sus mensajes, pero no sabía que a Arturo le resultaba muy difícil escribirlos entre la cantidad de alcohol que corría por sus venas, y el hecho de que estuviese en la calle el 1 de Enero en manga corta. Unas horas después, los dos volvieron a sus casas a intentar dormir tras una noche dura física y mentalmente…
Cada poco tiempo seguían mandándose mensajes que cada vez daban más a la luz los sentimientos de cada uno. Ambos desconfiaban el uno del otro, echándole la culpa al alcohol. Hasta que por fin sus corazones empezaron a hablar sinceramente, en aquel momento cada uno estaba en su cama con el móvil en la mano. Mientras el sueño y el cansancio cerraban sus párpados, el ansia por saber cuál sería el siguiente mensaje los mantenía abiertos. Tras incontables ‘T’ y ‘q’ en sus mensajes, comprendieron los sentimientos que albergaba el corazón del otro, agarraron el cojín que tenían más a mano, y lo abrazaron de una forma tan intensa que pareció que estos cambiaban de forma para convertirse en aquella única persona que podían desear en ese instante.
Tras tal ‘’abrazo telepático’’ sus almas quedaron ligadas, él era suyo, y ella suya, encendieron una vela en el interior del otro, la cual nunca se apagaría y siempre les proporcionaría calor cuando lo necesitasen.
Por fin sabían que se querían, el deseo que Paula había pedido en verano, se había cumplido… Un año nuevo empezaba, y por supuesto, una vida nueva para ambos.