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2 meses y 3 días

2 meses y 3 días a tu lado pequeña, y no se que puedo decirte que aun no sepas, así que me tendré que repetir…

Que has conseguido que estos dos meses sean sencillamente los más felices de mi vida, que me has querido como no lo ha hecho nadie, y que has hecho que yo te quiera como no he querido nunca. Pero… como no iba a quererte, siendo tan especial, tan maravillosa, tan perfecta.

Que me encanta como eres, como piensas y como actúas, me encanta todo lo que haces y cómo lo haces. Que tu rostro me enamora más y más cada día, que tienes los ojos más preciosos del mundo entero y la sonrisa más pegadiza, que tienes el pelo más bonito y la piel mas suave y acariciable que he visto, asíque no se te ocurra cambiar nunca.

Que nunca nunca quiero separarme de ti, que lo eres todo para mi. Que desde siempre a sido una de las personas más importantes para mi, y que desde hace 2 meses y 3 días, eres la que más. La que más me importa, la que más quiero y la que más me hace sonreir.

Te escribo esto desde muy lejos, y eso me da pena, porque lo que más desearía en el mundo es estar contigo, todos los días de mi vida deseo estar a tu lado, pero en especial este 17 cumpleaños. Pero bueno, sabes que dentro de muy poco vamos a reencontrarnos para pasar un monton de tiempo juntos. Que todo va a ser perfecto, porque siempre consigues que a tu lado todo momento sea insuperable. Te amo mi vida, disfruta de tus 17 añazos!!

Eclipse frustrado

Yo. Sentado en mitad de la nada, tranquilo, despreocupado. No tengo nada por lo que temer ni nada que confiar, nada por lo que sentirme ni bien ni mal. Soy, como si no fuera.

 

De repente amanece, aparece el sol y me ilumina. Me despierta. Empiezo a moverme, a sentirme vivo. Me levanto y miro a mí alrededor hasta darme cuenta de que es el Sol el culpable de mi actividad. Le sonrío y comienzo a caminar sin rumbo. Sigo fijándome en todo lo que me rodea y me doy cuenta de su preciosidad. Acelero el ritmo, al igual que mi pulso cardíaco, el camino comienza a aclararse. Empiezo a sentir ciertos detalles, siento el césped bajo mis pies, una leve brisa me acaricia el cuerpo, escucho el cantar de unos pájaros lejanos mientras saboreo una chocolatina. Mi ritmo vuelve a acelerar, y me invaden nuevas sensaciones cada vez más fuertes, piso suelo duro mientras el viento golpea mi cara y hace ondear el pelo tras de mi, escucho una canción que hace que mi cuerpo se mueva al son su ritmo binario, y comienzo a apreciar el aroma de las flores silvestres que me rodean.

Ya no camino, estoy corriendo y cada vez más y más rápido. Muevo brazos y piernas. Salto. Entro en un estado eufórico en el que siento cada centímetro de mi piel, una lluvia gorda y fuerte me sube la adrenalina cada vez que me golpea, siento como todo mi ser forma parte de una sinfonía que retumba en mi cabeza, y todos los aromas y sabores que existen se encuentran ahora rebosando mis sentidos, piso tan fuerte que me llega a doler, pero me da igual porque me siento realmente bien.

 

Algo ocurre, todo está disminuyendo, mi velocidad, mi pulso, mi respiración. ¿Qué pasa? Dejo de ver las cosas claras, algo se va apagando dentro de mí que me hace encoger. Un momento… no soy yo, es la luz, se está oscureciendo todo, mi camino, mi energía. Necesito la luz del sol y se está evadiendo. ¿Por qué?

¡Mira! Algo está tapándolo, espero que no lo haga desaparecer. Es la luna, se acopla a él, se interpone entre nosotros. ¡Porqué sigue avanzando! Angustia, preocupación, me invade la frustración de ver como mi fuente vital desaparece sin poder hacer nada para evitarlo. No queda casi luz ya, solo puedo observar como mi actividad llega a su fin, ya casi no siento nada de lo que me rodea, ni me importa. Ya no quiero nada, también perdí la motivación. Indiferente observo como una minúscula porción de sol se despide de mí lanzándome un último rayo de luz.

Eclipse. Solo existe ya un aura casi imperceptible alrededor de la fría luna. Puede que siga consciente gracias a eso. Pero no espero nada más de mí. Ya no soy, solo estoy. 

   

Algo está volviendo a cambiar, creo que estoy empezando a sentir algo parecido a lo que sentí en el amanecer, pero con mucha más intensidad. No entiendo que ocurre. El cielo ya no es negro, está pasando de azul oscuro a azul claro, y cada vez más blanco. No puede ser. Sí, lo es, ahí está. Es otro amanecer, pero ¿cómo? El sol sigue eclipsado tras la luna, aunque esta ya no se camufla con la noche y se la ve perfectamente. Es un nuevo Sol, mucho más grande, más intenso, el cual está frustrando totalmente el eclipse.

Todavía no ha terminado de aparecer y ya estoy de pie. Me siento mucho mejor que la otra vez, y todo está pasando mucho más rápido. Cada vez sonrío más porque a este ritmo, voy a volver a llegar pronto al momento culmen de mi vitalidad, e incluso mucho más. Gracias a este nuevo Sol, a esta nueva luz, a este calor que electrifica toda mi alma, cargándola de energía positiva y agrandándola de tamaño, como nunca creí que podría agrandarse.

No sabía que existía esta sensación, tanta felicidad, tanto bienestar, tanta vitalidad, estas ganas de explotar, de abrirme totalmente. Es completamente genial

Lo reconozco, soy feliz, y siempre lo seré, pues no existe ninguna luna tan grande como para poder eclipsar este gran Sol.

Espantapájaros

Estoy solo. Me encuentro solo y olvidado. La situación no mejorará, porque no hay esperanza, igual que un espantapájaros seré abandonado, olvidado y moriré solo.

Me encuentro solo, incomprendido, sin nada ni nadie a quien acudir. Me encuentro frío, paralizado, sin capacidad de movimiento. Me siento débil, sin fuerzas y sin esperanza de poder recuperarme. Me siento pequeño, sin ninguna importancia en este mundo y sin confianza alguna en mí mismo. No aguanto más, mi alma ya no se tiene por sí sola sino que necesita calor, necesito amor.

Hace tiempo nada de esto ocurría, no tenía miedo de que ningún cuervo mordiese mi espantapájaros, pues yo controlaba todas estas cosas, yo escribía mis reglas y sentía lo que quería sentir, me entristece recordarlo porque sé que ya no es así, que nunca volverá a serlo. De este modo, solo me queda una cosa por hacer: irme, marcharme para no volver, para morir y ser olvidado por este mundo, donde ya no hay lugar para mí.

Finalmente lo he comprendido, me encuentro en una miseria de la que nunca podré escapar. Nunca podré olvidarla, nunca podré superarla porque me seguirá allá donde vaya. No puedo soñar con algo mejor, soy incapaz de desear que todo vuelva a ser como antes.

Me doy por vencido, la frustración que tengo por comprender que nunca volveré a ser libre y a ser dueño de mi mismo es la causante de que deje de esforzarme y abandone el juego.

Así que aquí está, el último capítulo de mi historia, que existe porque de alguna forma tengo que finalizar, que si no fuese así, al carecer de relevancia este último golpe al aire, ni concluiría mi vida. Créeme, ha llegado el final, voy a morir y descansar en paz.

 

Estoy solo. Me encuentro solo y olvidado. La situación no mejorará, porque no hay esperanza, igual que un espantapájaros seré abandonado, olvidado y moriré solo.

Estaba mojado

Estaba mojado, completamente empapado. Cuando diluvia en la calle me encanta salir para empaparme totalmente, entregarme a la lluvia y darlo todo para sentirla en todo mi ser, ya que sé que al volver a casa voy a recibir todo lo que he dado al darme una ducha caliente, y el agua fría que me recorre se convierte en una cálida y placentera sensación.

Al igual que las otras veces, en esta ocasión vi que comenzaba a chispear, aumentando la cantidad de lluvia cada vez. Al principio me dio miedo “mojarme” y salir afuera, pero me decidí y fui a darlo todo, a entregarme en cuerpo y alma para empaparme completamente; y así hice, durante horas estuve allí disfrutando de aquella lluvia que calaba poco a poco cada parte de mi cuerpo y cada rincón de mi ser. Yo era suyo, y ella seguía y seguía mojándome, tanto, que empezó a penetrar mi superficie, sus gotas se colaban por mi caparazón. Al estar tan eufórico por el momento que estaba viviendo, me comporté como una esponja y acepté y asimilé todo el agua que invadía mi interior.

Aparentemente, el agua es vida, y yo al estar tan empapado tanto fuera como dentro de mí, me sentía más vivo que nunca, totalmente realizado. Y digo aparentemente porque en este caso resulta que el agua no iba a terminar siendo tan beneficiosa.

Al volver a mi casa a recibir un cálido abrazo del agua en la ducha que normalmente me devolvía todo lo que había dado, encontré que la puerta estaba cerrada. Siempre creí que la ducha me iba a calentar muchísimo más que otras veces, al estar calado de agua fría y tener mi alma abierta a cualquier sensación que quisiese colarse hasta lo más profundo de ella. Pero nunca hubo ducha, ni siquiera pude secarme. Llegó la noche y el agua comenzó a enfriarse y a congelarse dentro de mí. Por si fuera poco, un golpe final hizo que cayese rotundo al suelo: el agua estaba contaminada, sucia y llena de bacterias, no era vida lo que albergaba en ella sino enfermedad. Y al tenerla tan metida en mi interior, enfermé tan violentamente que no pude evitar caer en un profundo agujero oscuro.

Y allí estuve, una noche entera, mojado, completamente empapado de agua congelada, enfermo y sin saber qué hacer. Creí que nunca amanecería.

Pero amaneció, y un rayo de luz  de la pequeña porción de sol que había salido me iluminó. Iluminó el suelo que pisaba y el lugar donde me encontraba. Minutos después el sol se elevó y apareció totalmente, el cielo estaba completamente despejado y mi cuerpo con ansias de calor se postraba ante aquel astro. Ya no solo me iluminaba, sino que empezó a calentar mi cuerpo y a calentar el agua. Poco a poco conseguía evaporar pequeñas gotas de la superficie de mi cuerpo. Aunque al llegar el medio día comenzó a radiarme tanto calor que sentí que me libraba poco a poco del agua contaminada que recorría mi interior.

Aún sigo bastante mojado, frio y enfermo, pero sé que día a día, mi sol vuelve a aparecer para, gracias a su calor, seguir arrancando unas cuantas gotas del agua que me invade.

Nunca podré agradecerle lo suficiente todo lo que hace, por eso intento acoger cada pequeño rayo de luz que me regala, por eso le doy las buenas noches agradeciendo el calor que me ha dado durante el día, y por eso le doy los buenos días deseando que hoy también continúe secando mi interior.

No sé que habría sido de mí sin él.

Gracias, gracias de veras.

 

PD: y por supuesto gracias por los días soleados que me dedicas, privando al resto de tu calor para dármelo exclusivamente a mí durante unas horas. Es algo que nunca olvidaré. Gracias por ser mi Sol.

24

1 día, 24 horas, muchos minutos y muchos más segundos. 24 horas contigo. 24 horas mirándote. 24 horas abrazándote. 24 horas besándote. 24 horas juntos.

24 horas juntos. Viendo cualquier cosa, hablando de cualquier cosa, haciendo cualquier cosa. En cualquier lugar, en varios diferentes o en uno único las 24 horas. Jugando, riendo, sonriendo, gritando o callando, durmiendo, sintiendo, pero sobre todo… estando. Estando simplemente juntos.

24 horas besándote. En 24 horas da tiempo a muchos besos, besos seguidos de una mirada firme o besos seguidos de una lágrima, aunque de cualquier forma besos dados con una sonrisa, por y para una sonrisa. Muchos besos, aunque a simple vista parecidos o iguales, absolutamente todos ellos especiales y diferentes, necesarios únicamente en su momento, el momento en el que estoy besándote.

24 horas abrazándote. Desde el abrazo de reencuentro hasta el de despedida. Un beso muestra amor, una caricia confianza, una mirada preocupación, pero un abrazo simboliza todo eso y mucho más; un abrazo aporta apoyo, seguridad y calor, tranquiliza y calma las inquietudes internas haciendo desaparecer por un momento cualquier problema, revela la importancia que tiene el abrazado y por supuesto le hace sentir mucho mejor. Por eso quiero estar 24 horas abrazándote para poder hacerte sentir mejor abrazo tras abrazo. De pie, sentados o tumbados, cualquier abrazo tuyo merece la pena, en cualquier situación, pues siempre la mejorará. Todo es mejor abrazándote.

24 horas mirándote. Todo el tiempo observándote, recordando momentos inolvidables, recordando sueños que se hicieron realidad, y deseos que están cumpliéndose. Mirando, observando lenta y detalladamente tu belleza exterior pero más aun la interior, tus actitudes, capacidades y cualidades asombrosas que aprecio cada vez que te veo. Mirando y a la vez captando tu mirada, comprendiéndote, trasmitiéndote todos mis pensamientos y recibiendo los tuyos mediante el lenguaje de los ojos, el cual solo es entendible por las personas que se tienen, que se sienten, que se quieren. Solo necesito estar mirándote.

24 horas contigo. 24 horas diferentes, en las que no soy yo, en las que no me siento una persona sino media, en las que te pertenece todo mi ser, en las que no hay ninguna puerta cerrada ni oculta, en las que me siento parte de ti y en las que te siento dentro de mí. 24 horas totalmente desechables si no estuvieses ahí para convertirlas en las 24 horas mejor invertidas. Las mejores, las que más me llenan y me completan, las que no cambiaría por nada más en este mundo que no fuese el estar más horas contigo.

1 día son 24 horas, y estas son muchos minutos y muchos más segundos. Con un único segundo bastaría para que el día, las 24 horas, valiesen la pena. Pero en este caso no será un segundo, sino 86400. Muchos segundos que hacen que valga mucho la pena, ya que cada segundo que paso a tu lado hace que sea más feliz que en el segundo anterior, pero menos que en el siguiente. Él día, tu día, mi día… nuestro día; como todos los días, durará 24 horas.

24 horas las cuales deseo que lleguen en algún momento. Antes o después, esperaré lo que sea necesario, pues todo el tiempo del mundo es poco si finalmente paso 24 horas A Tu Lado.

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24 horas que sé que nunca llegarán, que sé que solo podran existir en esta entrada, 24 horas que has rechazado por el motivo que sea, pero en fin y al cabo 24 horas que te vas a perder. Solo quiero que sepas, que eres la única persona con quien tendría esas 24 horas, así que me entristece mucho que nunca vaya a poder disfrutarlas.

Peones

-“Creo que no lo entiendes, tú no eres libre, ni yo tampoco, somos incapaces de creer cualquier cosa por nosotros mismos, estamos enfermos y no podemos evitar seguir comiendo la mierda que nos dan, es lo único que tenemos. Controlan nuestras mentes mientras sonríen por no pagar por el crimen cometido. Nos arrebataron todo, como si robasen el cielo a un pájaro, y lo peor de todo es que nadie se da cuenta de nada de esto.

Todos los días, a todas horas, están dentro de mi cabeza, como serpientes mordiendo poco a poco y comiéndose mi cerebro, mi personalidad, mi humanidad… Desearía poder explotar y acabar con los perros que nos hacen esto, aunque en el fondo se que no puedo, que no puedes, que no podemos. Cada día es peor, y sé que llegará un momento en el que ni podré escuchar el sonido de mi voz, en el que seré incapaz de buscarme a mí mismo.”

-“No. No somos los subordinados de nadie, no somos peones en su tablero, somos personas, y podemos luchar para retomar nuestra libertad, si me sigues conseguiremos recuperar nuestra alma.

No. No sufras más, no caigas en su juego, en su engaño, levántate y lucha a mi lado, se fuerte y juntos les haremos pagar por sus pecados. Se hará justicia, pues les arrancaremos hasta sus sueños más profundos, hasta sus últimos respiros, hasta sus últimas gotas de sangre…”

 

{(Colgaré la canción cuando la grabemos)}

Capítulo 3

El siguiente episodio de sus vidas comienza ese mismo verano. Arturo y Paula ya no se hablan, ni sms, ni messenger, ni tuenti… nada. Arturo termina selectividad y se dispone a pasar el verano mas ajetreado de su vida. Se pierde con colegas en la montaña, disfruta de la playa con sus mejores amigos, visita lugares lejanos e increíbles con los scouts, y viaja dentro y fuera de españa con su familia. Se olvida totalmente de lo que había llegado a sentir por Paula.

Por otro lado, la chica también pasa un verano increíble con Arturo fuera de su cabeza… o eso es lo que creía.
Nos situamos en una noche de Agosto en el pueblo de ella. Como era costumbre por esas fechas, Paula y los demás amigos del pueblo, quedan en juntarse las noches en las que cae una lluvia de estrellas, para ver todos juntos el bonito espectáculo. Hacía mucho tiempo que no veía a todos aquellos amigos y estaba muy ilusionada, aunque por alguna razón empezó a sentirse extraña, le susurraban las calles del pueblo, se sentía incómoda. Empezó a sentirse agobiada por los recuerdos, atosigada. Poco a poco empezó a brotar de nuevo la flor marchita que alguien había plantado en su interior hacía ya tiempo… estaba totalmente confusa y sentía en el corazón un peso cada vez mayor. Tanto ella como sus amigos se daban cuenta de que algo raro le pasaba, estaba muy callada y muy ausente, cuando normalmente rebosaba simpatía y felicidad. Hasta que la vio… y todo se aclaró para ella, la estrella fugaz más lenta y brillante que nunca había visto, a lo mejor para los demás no fue diferente al resto de estrellas fugaces, pero Paula sabia que esa era especial, por lo menos para ella, en ese momento la flor termino de abrirse y su corazón explotó, ‘’ohh dioooos…’’, cerró los ojos y pidió un deseo a la estrella que acababa de presenciar.
Se le empaparon las mejillas, ‘’solo si estuviese aquí…’’ todo el tiempo había reprimido sus sentimientos en el fondo de su alma, y esta acababa de liberarlos…
Uno de sus mejores amigos se dio cuenta, le acompañó a casa y le prometió que fuera lo que fuera que había deseado, se cumpliría… (y muchos meses después comprobaría que la promesa se cumplió)

El verano terminó. Paula y Arturo hablaron, poco, muy poco casi como dos desconocidos… el caso es que fue el cumple de Arturo, y los amigos subieron al mismo pueblo para verse después del verano y entre otras cosas celebrar el cumpleaños. Alcohol, droga y música, mucha gente, muchísima, pero una gran ausencia, nuevamente sensaciones extrañas invadieron a Arturo, y una llama telefónica que no fue digna de recordar bastaron al chico para que se diese cuenta de muchas cosas; lo mala que es mucha gente y lo poco que merecen la pena, y lo buenas que son algunas personas que acaban siendo muy importantes, inevitablemente sus mejillas también se mojaron esa noche de Septiembre en aquel pueblo

Después de lo ocurrido, fue inevitable que volviesen a empezar a hablar, los dos habían intentado evitar al otro sin conseguirlo, así que como si volviésemos a empezar un cuento, Arturo y Paula volvieron a dirigirse las primeras palabras, los primeros mensajes, las primeras sonrisas. Parecía que hubiesen olvidado todo lo ocurrido y se acabasen de conocer.

En pocas semanas pasaron de hablar un poco, a hablar todos los días, y casi a conocer todos los aspectos de la vida del otro. Sin darse cuenta, cada día sentían más y más el calor que les producía simplemente hablar con el otro. Cada día les hacía más ilusión volver a casa para contarse cualquier cosa, hacer cualquier coña, ya que eso les permitía poder sonreír el resto del día. Y cuando hablaban por teléfono todo resultaba genial, cuando Arturo estaba aburrido las tardes de los viernes, ella le llamaba y sin hablar de nada interesante, los dos se reían y se alegraban mutuamente la tarde.

Finalmente decidieron que querían volver a verse, querían quedar solo para pasar un rato el uno al lado del otro, y planes no les faltaban ya que surgieron mogollón de ideas: una tarde de cine, una vuelta patinando, unas clases de guitarra, una sesión de Disney o cualquier otro plan, que por cutre que fuese, merecía la pena si Arturo y Paula estaban juntos… Pero el destino no se lo pondría tan fácil. ¿este viernes?, imposible; ¿qué tal esta semana?, no estoy en Madrid, ¿mañana hacemos algo?, lo siento no puedo…

Nada, nada de nada, cuando él podía ella no, y viceversa, no encontraban día, pues era el 1º año de universidad de Arturo y el último año de instituto de Paula… además de las mil movidas en las que estaban metidos cada uno. Así pasaron días, semanas y meses, aunque seguían hablando, los dos estaban desanimados, ya que cuanto más tiempo pasaban sin poder verse, más querían estar al lado del otro, más deseaban el día que no llegaba y no llegaba, más se odiaban por no poder quedar y más se necesitaban para poder superar el día a día.

Aunque estaban desmotivados, no perdían la esperanza y no se rendían. Antes de llegar la navidad, los dos se prometieron que encontrarían un rato, por pequeño que fuese, para poder verse de una vez por todas. Aún así en ninguno de los últimos días de aquel año consiguieron quedar. Se sentían desesperados, en una situación totalmente frustrante. El año terminó, y no habían llegado ni a poder verse para hablar en persona… Tras las respectivas cenas familiares de Nochevieja, cada uno fue a una fiesta diferente, donde intentaron evadirse y ahogar sus penas con el alcohol.

Tras unas horas de música, un par de chupitos y unos cuantos cubatas, Arturo recibe un sms de ella.-¿Qué pasa, hoy no vamos a hablar?- Él la llama, pero con el follón de las dos fiestas no se enteran muy bien y no pueden hablar a gusto. Así que comienza una oleada masiva de mensajes, unos mensajes muy cortos pero que dijeron mucho. Paula se enfadaba porque no recibía contestaciones a la mayoría de sus mensajes, pero no sabía que a Arturo le resultaba muy difícil escribirlos entre la cantidad de alcohol que corría por sus venas, y el hecho de que estuviese en la calle el 1 de Enero en manga corta. Unas horas después, los dos volvieron a sus casas a intentar dormir tras una noche dura física y mentalmente…

Cada poco tiempo seguían mandándose mensajes que cada vez daban más a la luz los sentimientos de cada uno. Ambos desconfiaban el uno del otro, echándole la culpa al alcohol. Hasta que por fin sus corazones empezaron a hablar sinceramente, en aquel momento cada uno estaba en su cama con el móvil en la mano. Mientras el sueño y el cansancio cerraban sus párpados, el ansia por saber cuál sería el siguiente mensaje los mantenía abiertos. Tras incontables ‘T’ y ‘q’ en sus mensajes, comprendieron los sentimientos que albergaba el corazón del otro, agarraron el cojín que tenían más a mano, y lo abrazaron de una forma tan intensa que pareció que estos cambiaban de forma para convertirse en aquella única persona que podían desear en ese instante.

Tras tal ‘’abrazo telepático’’ sus almas quedaron ligadas, él era suyo, y ella suya, encendieron una vela en el interior del otro, la cual nunca se apagaría y siempre les proporcionaría calor cuando lo necesitasen.

Por fin sabían que se querían, el deseo que Paula había pedido en verano, se había cumplido… Un año nuevo empezaba, y por supuesto, una vida nueva para ambos.

Caída del cielo.

Todo empezó una noche, una noche fría y oscura. El viento mecía las ramas de los árboles produciendo un silbido muy singular. Mientras el resto de animales dormían, los grillos cantaban a las estrellas. Nada se salía fuera de lo corriente. Las aguas cristalinas del lago estaban tranquilas, inmóviles, como un enorme espejo reflejando el manto estelar que levemente lo iluminaba.

De repente toda esa calma fue interrumpida. La oscuridad fue sustituida por una intensa luz, los animales se despertaron y los grillos se callaron al escuchar lo ocurrido; la tranquilidad de las aguas finalizó, algo había caído a lago, produciendo constantes ondas que lo recorrían desde el centro hasta la orilla. Nadie sabía qué era aquel objeto, pero producía un brillo azul hipnotizante. Al tocar el agua y empezar a sumergirse empezó a agitarse y a producir un sonido muy extraño.

Los animales, desvelados por lo ocurrido, no apartaban la mirada del aura que producía el brillante objeto en el fondo del lago. En la superficie no paraba de salir burbujas y una columna de humo y vapor, como si algo estuviese ardiendo ahí abajo. Pasaron unos minutos y cada vez producía menos luz. Tras discutir sobre lo que hacer, los animales decidieron sacar el objeto del agua, colaboraron y entre todos lo consiguieron, aunque muchos de ellos acabaron heridos y quemados, ya que el objeto estaba incandescente.

Al salir del agua, dejó de producir ese sonido y volvió a recuperar su brillo en pocos minutos. Los animales se extrañaron aún más al observar que el objeto no tocaba directamente el suelo, sino que estaba flotando. Por fin, una de las intrépidas ardillas se atrevió a preguntar. -¿Qué eres?-. Una voz reverberizada, grave y aguda a la vez, salió desde dentro del objeto. -¿Qué soy? ¡Sera quién soy!- dijo su nombre en un idioma que no sabría como pronunciar o escribir. –Soy una de ellas, estrellas, vigilamos la noche desde ahí arriba, parece ser que al acabar el día y aparecer, se me olvidó despertar y me he caído desde lo alto.
Los animales no sabían que decir ni que hacer, la mayoría seguían atónitos, enamorados de aquella estrella tan brillante. –Bueno, creo que tengo que volver a mi lugar, dijo la estrella… -No por favor, quédate con nosotros, rogaron los animales apenados. Aún así la estrella se tenía que marchar, comenzó a elevarse, pero mientras ascendía echó la vista atrás pensando en lo ocurrido, se dio cuenta de que los animales le habían salvado la vida, y que habían sufrido por ello, asique a mitad de camino decidió pararse. No podía volver a bajar, pero se quedaría allí iluminando las noches para agradecer a los animales lo que hicieron.

A partir de esa noche todos los animales esperaban que los días terminasen y cayese la noche para poder observar con amor aquella luz, aquella estrella, aquella… Luna.

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