Estaba mojado, completamente empapado. Cuando diluvia en la calle me encanta salir para empaparme totalmente, entregarme a la lluvia y darlo todo para sentirla en todo mi ser, ya que sé que al volver a casa voy a recibir todo lo que he dado al darme una ducha caliente, y el agua fría que me recorre se convierte en una cálida y placentera sensación.

Al igual que las otras veces, en esta ocasión vi que comenzaba a chispear, aumentando la cantidad de lluvia cada vez. Al principio me dio miedo “mojarme” y salir afuera, pero me decidí y fui a darlo todo, a entregarme en cuerpo y alma para empaparme completamente; y así hice, durante horas estuve allí disfrutando de aquella lluvia que calaba poco a poco cada parte de mi cuerpo y cada rincón de mi ser. Yo era suyo, y ella seguía y seguía mojándome, tanto, que empezó a penetrar mi superficie, sus gotas se colaban por mi caparazón. Al estar tan eufórico por el momento que estaba viviendo, me comporté como una esponja y acepté y asimilé todo el agua que invadía mi interior.

Aparentemente, el agua es vida, y yo al estar tan empapado tanto fuera como dentro de mí, me sentía más vivo que nunca, totalmente realizado. Y digo aparentemente porque en este caso resulta que el agua no iba a terminar siendo tan beneficiosa.

Al volver a mi casa a recibir un cálido abrazo del agua en la ducha que normalmente me devolvía todo lo que había dado, encontré que la puerta estaba cerrada. Siempre creí que la ducha me iba a calentar muchísimo más que otras veces, al estar calado de agua fría y tener mi alma abierta a cualquier sensación que quisiese colarse hasta lo más profundo de ella. Pero nunca hubo ducha, ni siquiera pude secarme. Llegó la noche y el agua comenzó a enfriarse y a congelarse dentro de mí. Por si fuera poco, un golpe final hizo que cayese rotundo al suelo: el agua estaba contaminada, sucia y llena de bacterias, no era vida lo que albergaba en ella sino enfermedad. Y al tenerla tan metida en mi interior, enfermé tan violentamente que no pude evitar caer en un profundo agujero oscuro.

Y allí estuve, una noche entera, mojado, completamente empapado de agua congelada, enfermo y sin saber qué hacer. Creí que nunca amanecería.

Pero amaneció, y un rayo de luz  de la pequeña porción de sol que había salido me iluminó. Iluminó el suelo que pisaba y el lugar donde me encontraba. Minutos después el sol se elevó y apareció totalmente, el cielo estaba completamente despejado y mi cuerpo con ansias de calor se postraba ante aquel astro. Ya no solo me iluminaba, sino que empezó a calentar mi cuerpo y a calentar el agua. Poco a poco conseguía evaporar pequeñas gotas de la superficie de mi cuerpo. Aunque al llegar el medio día comenzó a radiarme tanto calor que sentí que me libraba poco a poco del agua contaminada que recorría mi interior.

Aún sigo bastante mojado, frio y enfermo, pero sé que día a día, mi sol vuelve a aparecer para, gracias a su calor, seguir arrancando unas cuantas gotas del agua que me invade.

Nunca podré agradecerle lo suficiente todo lo que hace, por eso intento acoger cada pequeño rayo de luz que me regala, por eso le doy las buenas noches agradeciendo el calor que me ha dado durante el día, y por eso le doy los buenos días deseando que hoy también continúe secando mi interior.

No sé que habría sido de mí sin él.

Gracias, gracias de veras.

 

PD: y por supuesto gracias por los días soleados que me dedicas, privando al resto de tu calor para dármelo exclusivamente a mí durante unas horas. Es algo que nunca olvidaré. Gracias por ser mi Sol.